Esp Eng María Inmaculada
Iglesia Católica / Pacoima, CA

La Puerta Angosta

The Narrow Gate / La Puerta Angosta

Vigésimo Primero Domingo en Tiempo Ordinario

Me da gusto estar de regreso después de la gran bendición recibida en esta peregrinación a Polonia y Roma. Me siento realmente renovado y con una nueva energía después de esta experiencia con el Papa Francisco quien, una vez mas, me ha tocado en lo mas profundo con sus palabras pero sobretodo con su contagiosa alegría al compartir la buena nueva del evangelio. Estoy seguro que la mayoría de los jóvenes, y los no tan jóvenes como yo, regresaron a sus parroquias inspirados por la energía, el celo y el amor del santo Padre a Jesus y a su Iglesia. Una de las muchas cosas que aprendi en este viaje, y que de alguna manera tiene que ver con el evangelio este domingo en el que Jesus nos invita a “esforzarnos por entrar por la puerta angosta,” es que tenemos que tener cuidado en no “tirar la toalla” antes de comenzar el partido. Es decir a no darnos por vencidos fácilmente. El Papa Francisco dijo que es tan triste ver a jóvenes que van caminando como si la vida no tuviera sentido. Pero también que era preocupante ver jóvenes que han escogido la “puerta ancha” la cual es una metáfora de una vida fácil y comoda. En las palabras del Santo Padre, estos jóvenes han desperdiciado sus vidas con falsas emociones o caminos oscuros y que al final tiene que pagar por ello… y pagarlo caro. La puerta angosta del evangelio es pues una invitación y un reto a ir mas alla de nuestra zona de confort; a esforzarnos por lograr la plenitud y una nueva vida. No es fácil, pero Jeus nos da la gracia para conseguir esto. Es El quien nos da la verdadera pasión por la vida y nos inspira a dar lo mejor de nosotros mismos. Repito, no es fácil, pero déjenme decirles que vale la pena. Vamos pues a salir de nuestra comodidad para encontrar la verdadera plenitud de nuestras vidas. Dios les bendiga!

Lecturas de la Semana

Lunes: 2 Tes 1:1-5, 11-12; Sal 96 (95):1-5; Mt 23:13-22
Martes: 2 Tes 2:1-3a, 14-17; Sal 96 (95):10-13; Mt 23:23-26
Miércoles: Ap 21:9b-14; Sal 145 (144):10-13, 17-18; Jn 1:45-51
Jueves: 1 Cor 1:1-9; Sal 145 (144):2-7; Mt 24:42-51
Viernes: 1 Cor 1:17-25; Sal 33 (32):1-2, 4-5, 10-11; Mt 25:1-13
Sábado: 1 Cor 1:26-31; Sal 33 (32):12-13, 18-21; Mt 25:14-30
Domingo: Sir 3:17-18, 20, 28-29; Sal 68 (67):4-7, 10-11; Heb 12:18-19, 22-24a; Lc 14:1, 7-14

Los Santos y Otras Celebraciones

Domingo: Vigésimo Primer Domingo del Tiempo Ordinario
Lunes: Santa María Virgen, Reina
Martes: Santa Rosa de Lima
Miércoles: San Bartolomé, apóstol
Jueves: San Luis de Francia; San José de Calasanz
Sábado: Santa Mónica

“Los que se comprometen a ejercer con la máxima solicitud la misión educadora han de estar dotados de una gran caridad, de una paciencia sin límites y, sobre todo, de una profunda humildad . . . para que el Señor . . . los haga idóneos cooperadores de la verdad.” — San José de Calasanz

Santa Rosa de Lima, Vírgen

Patrona de América, Perú y las Filipinas

Nació en Lima (Perú) el año 1586; cuando vivía en su casa, se dedicó ya a una vida de piedad y de virtud, y, cuando vistió el hábito de la tercera Orden de Santo Domingo, hizo grandes progresos en el camino de la penitencia y de la contemplación mística. Murió el día 24 de agosto del año 1617.

De los escritos de Santa Rosa de Lima

El salvador levantó la voz y dijo, con incomparable majestad: “¡Conozcan todos que la gracia sigue a la tribulación. Sepan que sin el peso de las aflicciones no se llega al colmo de la gracia. Comprendan que, conforme al acrecentamiento de los trabajos, se aumenta juntamente la medida de los carismas. Que nadie se engañe: esta es la única verdadera escala del paraíso, y fuera de la cruz no hay camino por donde se pueda subir al cielo!” Oídas estas palabras, me sobrevino un impetu poderoso de ponerme en medio de la plaza para gritar con grandes clamores, diciendo a todas las personas, de cualquier edad, sexo, estado y condición que fuesen: “Oíd pueblos, oíd, todo género de gentes: de parte de Cristo y con palabras tomadas de su misma boca, yo os aviso: Que no se adquiere gracia sin padecer aflicciones; hay necesidad de trabajos y más trabajos, para conseguir la participación íntima de la divina naturaleza, la gloria de los hijos de Dios y la perfecta hermosura del alma.”

Este mismo estímulo me impulsaba impetuosamente a predicar la hermosura de la divina gracia, me angustiaba y me hacía sudar y anhelar. Me parecía que ya no podía el alma detenerse en la cárcel del cuerpo, sino que se había de romper la prisión y, libre y sola, con más agilidad se había de ir por el mundo, dando voces: “¡Oh, si conociesen los mortales qué gran cosa es la gracia, qué hermosa, qué noble, qué preciosa, cuántas riquezas esconde en sí, cuántos tesoros, cuántos júbilos y delicias! Sin duda emplearían toda su diligencia, afanes y desvelos en buscar penas y aflicciones; andarían todos por el mundo en busca de molestias, enfermedades y tormentos, en vez de aventuras, por conseguir el tesoro último de la constancia en el sufrimiento. Nadie se quejaría de la cruz ni de los trabajos que le caen en suerte, si conocieran las balanzas donde se pesan para repartirlos entre los hombres.”

Santa Mónica, Madre de San Agusơn (Año 332- 387)

Madre, Viuda; Mónica significa: “dedicada a la oración y a la vida espiritual”. Patrona de las mujeres casadas y modelo de las madres cristianas.

Reseña: Nació en Tagaste (África) el año 331, de familia cristiana. Muy joven, fue dada en matrimonio a un hombre llamado Patricio, del que tuvo varios hijos, entre ellos San Agustín, cuya conversión le costó muchas lágrimas y oraciones. Fue un modelo de madres; alimentó su fe con la oración y la embelleció con sus virtudes. Murió en Ostia el año 387. Alcancemos la sabiduría eterna: San Agustín relata la muerte de Sta. Mónica, su madre.

LA IGLESIA venera a Santa Mónica, esposa y viuda. Su único hijo fue San Agustín, doctor de la Iglesia. Su ejemplo y oraciones por su hijo fueron decisivas. El mismo San Agustín escribe en sus Confesiones: “Ella me engendró sea con su carne para que viniera a la luz del tiempo, sea con su corazón, para que naciera a la luz de la eternidad” Por su parte, San Agustín es la principal fuente sobre la vida de Santa Mónica, en especial sus Confesiones, lib. IX.