Esp Eng María Inmaculada
Iglesia Católica / Pacoima, CA

Ver con los Ojos de Cristo

Cuarto Domingo en Tiempo Ordinario

Estamos ya en medio de nuestra jornada cuaresmal y estamos viendo como el evangelio de Juan nos muestra en estos tres domingos quien es realmente Jesús para todos nosotros. El domingo pasado, por ejemplo, vimos el evangelio de la mujer Samaritana. Este domingo tenemos el evangelio del ciego de nacimiento; el próximo domingo tendremos la fortuna de escuchar el evangelio de la resurrección de Lázaro. Vemos que los tres evangelios presentan tres imágenes muy importantes acerca de la vida de Jesús y su ministerio.

La semana pasada veíamos como Jesús se presentaba como el “agua viva” que quiere satisfacer la sed espiritual de la Samaritana y la nuestra también. Este domingo vemos a Jesús como la luz del mundo, es decir, el que viene a quitarnos la ceguera de nuestro pecado. El próximo domingo tendremos la dicha de escuchar en el evangelio que Cristo es “la resurrección y la vida”.

Por ahora pues reflexionemos un poco en el ciego de nacimiento. Uno de los grandes padres de la iglesia, Origen, decía: “Ser santo es ver con los ojos de Cristo”. El ciego era un rechazado por su condición. Jesús, no solo viene a recobrarle la vista sino también su dignidad. Jesús le da literalmente una nueva visión de la vida y una nueva dignidad. Lo mismo quiere hacer con no- sotros. Jesús quiere sanarnos de nuestra ceguera del pecado para ser santos, es decir, para ver con sus ojos.

Hijos de la Luz

El futuro rey, David, en la primera lectura de hoy, es un ejemplo de un tipo de personaje presente a lo largo de las escrituras hebreas. Es el hijo que nace fuera de lugar (no es ni el mayor ni el preferido) pero a fin de cuentas recibe la promesa de la alianza. El espíritu de Dios lo llena con su unción. En esto, se parece al hombre que nació ciego del Evangelio de hoy. La familia de David y la comunidad del ciego no esperaban que la gracia milagrosa del amor de Dios obrara por medio de ellos. Quizás ellos, también, estaban “ciegos” por las expectativas y suposiciones de los que los rodeaban. Sin embargo, luego de ser tocados por Dios, ambos “vieron” la presencia de la voluntad de Dios para ellos. Ambos se convirtieron en mensajeros de la voluntad de Dios. Ese mismo Espíritu de unción de Dios nos llenó en nuestro bautismo; se nos dio un cirio como símbolo de que somos miembros del Cuerpo de Cristo, la Luz de la Luz. Nuestra vocación, entonces, es cumplir esa iluminación, esa unción, como se nos dice en Efésios, viviendo como “hijos de la luz”.

Lecturas de la Semana

Lunes: Is 65:17-21; Sal 30(29):2, 4-6, 11-13b; Jn 4:43-54
Martes: Ez 47:1-9, 12; Sal 46 (45):2-3, 5-6, 8-9; Jn 5:1-16
Miércoles: Is 49:8-15; Sal 145 (144):8-9, 13cd-14, 17-18; Jn 5:17-30
Jueves: Ex 32:7-14; Sal 106 (105):19-23; Jn 5:31-47
Viernes: Sab 2:1a, 12-22; Sal 34 (33):17-21, 23; Jn 7:1-2, 10, 25-30
Sábado: Jer 11:18-20; Sal 7:2-3, 9bc-12; Jn 7:40-53
Domingo: Ez 37:12-14; Sal 130 (129):1-8; Rom 8:8-11; Jn 11:1-45 [3-7, 17, 20-27, 33b-45]