Español English María Inmaculada
Iglesia Católica / Pacoima, CA

Presencia

Decimonoveno Domingo del Tiempo Ordinario

It is difficult to be truly present to another. We speak of putting in an appearance or showing up. Even when we arrive, we are often distracted. We think ahead, or we review an unsettled past. Nonetheless, we are at our best when we truly show up. We are most fully ourselves when we are absorbed in something worthy of us: creative work, good conversation, prayer. In these instances we are wholly ourselves and wholly outside ourselves. Elijah knew this kind of engagement. He was one of God’s great prophets. In today’s first reading, he follows God’s command to journey to that most holy place, Mount Horeb. And there in great silence, Elijah encounters God. As for Peter and the apostles, they discover the presence of God after the storm at sea. They and the sea and the winds are stunned into silent reverence.

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Vamos a Reflexionar Sobre la Palabra de Dios

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: ‘¡Señor, sálvame!’. En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ‘¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?’” (Mt 14, 31-33)

Lo normal en la vida es atravesar momentos de duda, momentos en los cuales nos parece que Dios está muy lejos de nosotros, si es que existe. Son los momentos decisivos, los momentos en que se pone a prueba nuestra fe. Quisiéramos que el Señor nos respondiera siempre rápidamente, que nunca tuviéramos la sensación de soledad, que Dios nos solucionara los problemas cuando nos agobian.

En cambio, la enfermedad, la decepción, el fracaso, nos hacen sentir con toda su crudeza el peso de aquella cruz que llevó Cristo sobre sus hombros y que también a él le llevó a preguntarle al Padre por qué le había abandonado.

Para salir de esta situación no hay nada como recordar los dones recibidos en el pasado, las pruebas que en tantas ocasiones Dios nos ha dado de su existencia y de su amor solícito por nosotros. Desde ahí, no nos queda más remedio que ponernos en sus manos y, pidiéndole que nos ayude, hacer como Pedro: arrojarnos al lago para hacer lo imposible: andar sobre las aguas con la ayuda de Dios. Y si sentimos que nos hundimos, que nos falta la fe, no dudemos en pedir ayuda como hizo San Pedro, aunque el Señor nos regañe por nuestra poca fe. Andar sobre el agua, símbolo de entender los planes de Dios, no nos es posible. Del mismo modo que nuestra naturaleza impide lo que permite a los peces, nuestra inteligencia se encuentra limitada para comprender los planes de Dios. Pero tener fe sí es posible. Creer sin entender, aceptar el misterio, asumir que Dios es más grande que nosotros, está a nuestro alcance, con su gracia.

Propósito: Cuando tengas un problema y te parezca que Dios no te ayuda, recuerda momentos anteriores. Ten paciencia y no olvides que Dios escribe derecho con renglones torcidos.

Vivamos la Palabra de Dios

Esos momentos nos llegan a cada uno de nosotros cuando nos enfrentamos con la muerte o un posible fracaso. Entonces ya no es fácil ni seductivo dejar la plataforma para subirse a la montaña rusa, pues súbitamente el juego ha dejado de ser tranquilo y sin riesgos. Sin embargo, por medio del riesgo es posible encontrar la vida en Dios.

Lecturas de la Semana

Lunes: Ez 1:2-5, 24-28c; Sal 148 (147):1-2, 11-14; Mt 17:22-27
Martes: Ez 2:8 — 3:4; Sal 119 (118):14, 24, 72, 103, 111, 131; Mt 18:1-5, 10, 12-14
Miércoles: Ez 9:1-7; 10:18-22; Sal 113 (112):1-6; Mt 18:15-20
Jueves: Ez 12:1-12; Sal 78 (77):56-59, 61-62: Mt 18:21 — 19:1
Viernes:

  • Vigilia: 1 Chr 15:3-4, 15-16; 16:1-2; Sal 132 (131):6-7, 9-10, 13-14; 1 Cor 15:54b-57; Lc 11:27-28
  • Día: Apo 11:19a; 12:1-6a, 10ab; Sal 45 (44):10-12, 16; 1 Cor 15:20-27; Lc 1:39-56

Sábado: Ez 18:1-10, 13b, 30-32; Sal 51 (50):12-15, 18-19; Mt 19:13-15
Domingo: Is 56:1, 6-7; Sal 67 (66):2-3, 5, 6, 8; Rom 11:13-15, 29-32; Mt 15:21-28

Los Santos y Otras Celebraciones

Domingo: Decimonoveno Domingo del Tiempo Ordinario;
Lunes: Santa Clara
Martes: Santa Juana Francisca de Chantal
Miércoles: San Ponciano y san Hipólito
Jueves: San Maximiliano Kolbe
Viernes: La Asunción de la Santísima Virgen María
Sábado: San Esteban de Hungría; Santa María Virgen

“El veneno más mortal de nuestro tiempo es la indiferencia. Y esto ocurre, a pesar de que la alabanza a Dios no tiene límite. Esofrcémonos, pues, para alabarle en la mayor medida de nuestras potestades.” ~ San Maximiliano Kolbe

Tesoros de Nuestra Fe

Hoy celebramos la memoria del santo patrono de los cocineros, san Lorenzo. Este español del siglo tercero fue uno de siete diáconos del Papa Sixto II, en Roma. Su ministerio consistía en repartir limosnas a los pobres. En el año 257 se pronunció una nueva persecución a los cristianos en Roma y el día 6 de agosto unos soldados romanos asesinaron al Papa y a cuatro de sus diáconos. Lorenzo, cuyo nombre significa laureado o premiado, fue arrestado tras la batalla y llevado ante el alcalde de Roma. Este mandó traer todas las riquezas de la Iglesia, pero Lorenzo ya hacía tiempo que las había vendido para dar el dinero a los más necesitados. No obstante, se marchó de la presencia del alcalde para luego llegar con él, acompañado de gente pobre y enferma, insistiendo que ellos eran las verdaderas riquezas de la Iglesia. El alcalde, furioso, lo mandó quemar sobre brazas para que muriera lentamente. Según testigos de su martirio, Lorenzo, a cierto punto dijo a sus asesinos: “Ya estoy asado de este lado, voltéenme para asarme por completo”. Eventualmente dijo: “La carne esta lista, ya pueden comer” y falleció orando por la conversión de Roma.

La Asunción de María

El último de los dogmas marianos aprobados fue el de la Asunción de nuestra Madre en cuerpo y alma a los cielos. Es un dogma relacionado con dos de los anteriores: el de su maternidad divina y el de su carácter inmaculado. Cualquier madre establece, al serlo, una relación única con su hijo, una relación no sólo afectiva sino ante todo corporal; un cuerpo se ha formado a partir del suyo, aunque haya sido necesaria la aportación del varón y aunque ese nuevo cuerpo, dotado de un nuevo espíritu, no sea el cuerpo de la madre ni un apéndice o continuación del mismo. La relación corporal madre-hijo, enriquecida con la relación afectiva, es la más fuerte de la naturaleza, la verdadera columna vertebral del mundo –de ahí la enorme gravedad del aborto- y lo es precisamente por ese tipo específico de vinculación establecido por el hecho de que una carne nace la otra. Por eso María no podía morir, su carne no podía conocer la corrupción del sepulcro, pues ella debía seguir ejerciendo su misión maternal, hacia Jesús y no sólo hacia nosotros los hombres. Si Jesús, como hemos visto en el primer dogma mariano, tiene necesidad de su Madre, del amor de su Madre, ésta tenía que seguir siendo cuerpo y alma a la vez, para poder mantener en plenitud el vínculo materno que la unía con su Hijo. Además, y aquí entra el tercer dogma, el de la concepción inmaculada, la que no conoció la corrupción del pecado no podía ni debía conocer la corrupción del sepulcro. Y por si esos argumentos fueran pocos: si cualquier hijo evitaría –de poder hacerlo- la muerte de su madre, ¿cómo pensar que Jesús, que sí podía hacerlo por ser Dios, se comportó de otra manera? ¿cómo creer que él no hizo por su Madre lo que haría el más pecador de los hombres por la suya? Él pudo. Ella se lo merecía. Él, por lo tanto, lo hizo. Pero, ¿qué consecuencias se desprenden para nosotros del hecho de que, como enseña este dogma, la Virgen esté en cuerpo y alma en el cielo? ¿Por qué tenemos que darle gracias a Dios por ello?: Porque, gracias a eso, como he dicho, María puede seguir ejerciendo su maternidad de una manera plena. En primer lugar, también como se ha dicho, para con su Hijo. Pero a la vez para con todos y cada uno de nosotros. Tenemos una Madre en el cielo que no cesa de trabajar por nuestro bien, por nuestra santificación. Tenemos una abogada, una intercesora. Ella está viva y eso es para nosotros uno de los más grandes regalos que nos haya hecho Dios. Démosle gracias, todos los días y a todas horas, por ello.

Propósito: Démosle gracias a Dios porque con la Asunción de su Madre nos asegura que ella está siempre intercediendo por nosotros y acudamos a María en busca de esa intercesión.